Tiempo, siempre es el tiempo
«Tiempo, lo que nos falta siempre es el tiempo». Ya lo decían los hermanos Muñoz (sí, me refiero a los Estopa, sin duda héroes de la lírica de mi generación). El caso es que, a mí, como a tantos otros, siempre me falta el tiempo, que insiste en ser escaso especialmente por las mañanas. Al parecer, al tiempo no le gusta la aurora, ni el rocío, ni los gorjeos y graznidos de los pájaros tempraneros. Estoy segura de que el tiempo es un ave nocturna como yo. Movida por la mala leche, la única emoción capaz de sacarme de la cama, me arrastro hasta la cocina mientras pienso en lo mucho que me molestan los dichosos pájaros cantores, el frío matutino y el obsceno timbre del despertador. Maldito sea el tiempo, me paso la vida luchando contra su rapidez o contra su excesiva lentitud, nunca se adapta al compás perfecto. Reflexiono y me voy encabronando progresivamente mientras agito con efusividad la cucharilla contra las paredes de una maltrecha taza de café que tiene los días contados. De repent...