Síndrome de Diógenes emocional
Yo me esforcé en memorizar las facciones de su cara, cada lunar de su espalda, la forma de sus nudillos y en definitiva hasta el más minúsculo detalle de su anatomía, por anodino que pudiera parecer. Pero por encima de todo me juré que jamás olvidaría la forma en que me miraban aquellos ojos turbios y descontentos. Dios sabe que esas pupilas eran densas y opacas como un tapiz flamenco y que, por más que me esforzase en atravesarlas, la débil aguja que constituía mi fijación por aquel hombre siempre sería insuficiente e incapaz de hacer mella en su tela. Yo pensé que conseguiría, a través de la constancia y la paciencia, la llama que aviva todo fuego; pero no se puede hacer lumbre con leña mojada. El ego a veces nos hace creer que nuestra resiliencia será capaz de sorprender a aquellos que, sin embargo, jamás podrán mirarnos como ansiamos, y nunca se turbarán nerviosos y excitados ante nuestra presencia. Aun así, le recordaba todas las mañanas y apretaba los párpados con ansia, hasta qu...