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La Mancha

 Texto de comisariado para la exposición La Mancha organizada por Kolectivo Azul Añil e inaugurada el 21 de febrero de 2026 en Bodegas La Tercia (Alcázar de San Juan). «Es el viento, el maldito viento solano, que saca a la gente de quicio». Raimunda, encarnada por Penélope Cruz, se desespera cuando vuelve a su pueblo natal en Volver (2006) , la icónica película de Pedro Almodóvar y la más manchega de todas sus obras, según el mismo director confiesa. Se trata de un homenaje a las mujeres de esta tierra y a esta manera tan nuestra de convivir con la muerte sin trazar una frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Al igual que ocurre con los fantasmas, hay algo en La Mancha que no puede verse, pero que indudablemente subyace y nos atraviesa. Es el espíritu de esta tierra y son nuestros difuntos asomándose de vez en cuanto para asegurarse de que seguimos cumpliendo la tradición, recordándonos que no debemos comer gachas cuando las campanas tocan a muerto. No se ve...

Los peligros del lenguaje figurado: prohibido hacer metáforas

Artículo original publicado el 18 de noviembre de 2025 en el blog del suscriptor de El Español: https://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/20251118/prohibido-hacer-metaforas-peligros-lenguaje-figurado/1003744018622_7.html Recuerdo la primera vez que vi Fahrenheit 451 en un cinefórum. Salí de la sala de cine satisfecha y considerando leerme la novela, aunque no era una lectora asidua de distopías. Siempre había necesitado de la verosimilitud para conectar con el argumento, así que la ciencia ficción no era lo mío. Yo le tenía más miedo a Los lunes al sol , de Fernando León de Aranoa. Me parecía descabellado aquello de hacer piras con los libros, así que no me asustaba, si bien la censura de obras literarias ha sido un fenómeno frecuente a lo largo de la historia. La peor no es la institucional, esa que obliga a ocultar manuscritos en los anaqueles de almacenes angostos y polvorientos, sino la autocensura: todas esas obras que nunca llegan a realizarse por miedo al escarnio público; ...

Los linces de la lengua castellana

Artículo original publicado el 19 de febrero de 2025 en el blog del subscriptor de El Español: https://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/opinion/20250219/linces-lengua-castellana/925477444_7.html Alcurnia, perorata, ardid, zangolotino… Las cogería a todas ellas, y a todas sus compañeras, y las metería en una cestita de mimbre forrada con raso de color azul añil. Las trataría con mimo y buscaría el lugar idóneo donde plantarlas, después de haber analizado cuidadosamente cuál sería el clima más adecuado para que puedan germinar, crecer y hacer resurgir su especie, en extremo peligro de extinción. ¡Los linces de la lengua castellana! La lengua es como el camino: se hace al andar (hablar) —Dios te guarde, Machado—. Es cierto que nada podemos hacer por cambiar las piedras que moldean el curso del río. Intento, y fracaso a menudo, transigir con ciertos neologismos y anglicismos que inundan nuestra lengua. «Tiempos nuevos, tiempos salvajes», pienso entre mí, citando al gran Jorge Ilegal. ...

La persistencia de la interlocución

«Venga, que no cuesta nada», se dice a sí misma. La muchacha del ascensor al principio duda, pero, tras sacudirse la dubitación, ladea la cabeza ligeramente y después eleva las mejillas con desgana. Esos dos bultos sonrojados y endurecidos ejercen presión contra los párpados inferiores, y estos a su vez cambian inevitablemente la forma de los ojos, que terminan sepultados por los pliegues de piel compactada. Toda acción tiene sus consecuencias, así que las mejillas alpinistas obligan a las comisuras de los labios a acompañarlas en la aventura. Tiran de ellas y cada una trepa por un lado de la cara, hasta formar una media luna que deja al descubierto las estrellas que tiene por dientes. Solo es eso, una pequeña mueca indolora y trivial, aparentemente inocua. Sin embargo, hay quien no puede conformarse con eso y necesita dar un paso más allá. Siempre hubo temerarios. Un chico sube al autobús y retira hacia atrás su abrigo, como el pianista que se acomoda la levita del chaqué al sentarse ...

Mamá, quiero ser viejo

Ser joven es como estar enamorado: en principio deseable, pero realmente agotador. Cuando era (más) joven, si es que habrá un día en que acabe este maldito estado presumiblemente transitorio, me molestaba mucho el descrédito que recibían mis argumentos por el mero hecho de haber salido de la boca de alguien que pertenecía al grupo de los jóvenes. A menudo eran desechados con terrible rapidez y desdén al grito de: «eres muy joven como para entender eso» o «eres demasiado joven, ya cambiarás de opinión». Esta última frase en particular provocó una combustión espontánea en mis tripas, creo que he sufrido cólicos desde entonces. Para mi yo pasado, no había nada peor que el hecho de que sugiriesen que algún día cambiaría de opinión. El joven, el exaltado, el enamorado, no admite cuestionamiento alguno sobre su posición. Nadie podría mandar al frente a un joven dubitativo; las primera líneas de los movimientos revolucionarios no pueden estar colmadas de indecisos con voces entrecortadas. Cua...

Tiempo, siempre es el tiempo

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«Tiempo, lo que nos falta siempre es el tiempo». Ya lo decían los hermanos Muñoz (sí, me refiero a los Estopa, sin duda héroes de la lírica de mi generación). El caso es que, a mí, como a tantos otros, siempre me falta el tiempo, que insiste en ser escaso especialmente por las mañanas. Al parecer, al tiempo no le gusta la aurora, ni el rocío, ni los gorjeos y graznidos de los pájaros tempraneros. Estoy segura de que el tiempo es un ave nocturna como yo. Movida por la mala leche, la única emoción capaz de sacarme de la cama, me arrastro hasta la cocina mientras pienso en lo mucho que me molestan los dichosos pájaros cantores, el frío matutino y el obsceno timbre del despertador. Maldito sea el tiempo, me paso la vida luchando contra su rapidez o contra su excesiva lentitud, nunca se adapta al compás perfecto. Reflexiono y me voy encabronando progresivamente mientras agito con efusividad la cucharilla contra las paredes de una maltrecha taza de café que tiene los días contados. De repent...

Ya han quitado el banco

Ya han quitado el banco. No presidía una gran avenida, era más bien un banco modesto que se escondía en el recodo de una calle estrecha y silenciosa. Su ausencia podría pasar desapercibida, casi tanto como lo había hecho su presencia. Los listones estaban desgastados y la pintura que un día los cubrió hacía tanto que había desaparecido que ya nadie la recordaba. Solo podían intuirse algunos pigmentos rojizos, como si se tratara de la policromía de un objeto antiquísimo, pero no tendría más de 40 años. Las astillas asomaban por todas partes, siempre prestas a incomodar a los sedentes, y los clavos llevaban años trabajando más de lo necesario para intentar que aquel aparejo no se viniera abajo. Con él han desaparecido también las montañas de pipas mordidas y rechupeteadas por adolescentes. En consecuencia, ya no hay regueros de hormigas orbitando alrededor y organizándose para cargar con los restos de cáscaras y hollejos. Tampoco pajaritos que busquen alguna semilla despistada que hubier...