Sunshine upon my fields
Allá en la arboleda cayeron los primeros rayos de sol como si envidiaran la delicadeza con que lo hace la llovizna. Se amagaban tímidamente entre los troncos recios y brillantes, todavía cubiertos por el manto del rocío. Aquellos rayos acababan de nacer y parecían niños traviesos tratando de ocultarse detrás de sus abuelos de madera; árboles que, de tan vetustos, pensé que quizás ya habían aprendido a leer el pensamiento. Me espanté ante aquella idea y eché a andar con premura hasta alcanzar la claridad del prado, donde la ausencia de ramas que pudieran filtrar y guiar la trayectoria de los hijos del sol dio lugar a un exceso de luz que supuso un contraste demasiado exacerbado para mis pupilas. Me froté los ojos y, cuando los abrí de nuevo, ya estabas ahí. Tu figura quieta y solemne lo abarcaba todo y era como una gran nube en un día de tormenta. En cuanto mi vista se acostumbró al nuevo escenario y pude contemplarte en toda tu plenitud, supe de inmediato que siempre habías estado cerc...