Mamá, quiero ser viejo
Ser joven es como estar enamorado: en principio deseable, pero realmente agotador. Cuando era (más) joven, si es que habrá un día en que acabe este maldito estado presumiblemente transitorio, me molestaba mucho el descrédito que recibían mis argumentos por el mero hecho de haber salido de la boca de alguien que pertenecía al grupo de los jóvenes. A menudo eran desechados con terrible rapidez y desdén al grito de: «eres muy joven como para entender eso» o «eres demasiado joven, ya cambiarás de opinión». Esta última frase en particular provocó una combustión espontánea en mis tripas, creo que he sufrido cólicos desde entonces. Para mi yo pasado, no había nada peor que el hecho de que sugiriesen que algún día cambiaría de opinión. El joven, el exaltado, el enamorado, no admite cuestionamiento alguno sobre su posición. Nadie podría mandar al frente a un joven dubitativo; las primera líneas de los movimientos revolucionarios no pueden estar colmadas de indecisos con voces entrecortadas. Cua...