The winner takes it all


Ya lo dijeron ABBA y entonces no puede ser sino cierto: The winner takes it all. Aunque el escalador bien sabe que necesita a los sherpas para llegar a la cima, al final, en la cumbre de todas las cosas solo puede ondear una bandera, y esa es, irremediablemente, la del ganador.

No hay espacio en las páginas de agradecimientos ni tiempo en los créditos finales para explicar y agradecer con detalle lo que hicieron los que trabajan en las sombras. Los mediocres, los grises, los indispensables y sin embargo innombrables, todos los que si no están se echan en falta, pero, cuando están, parece prescindible hacer alusión a su presencia.

¡Qué triste es perder la carrera tan cerca del final! Por mucho que se esfuercen en hacernos creer lo contrario, quizás en un intento desesperado de que no sea la última vez que participamos, bien sabemos que solo hay dos resultados posibles: ser vencedor o perdedor. Nadie se acordará jamás del que quedó quinto, y todo el esfuerzo de los participantes se desvanecerá tan pronto como el pecho del atleta ganador impacte contra la cinta en la línea de meta.

El esfuerzo es un grito sin eco, y pronto muere todo lo que no es capaz de permanecer en el recuerdo. Es duro vivir en minúsculas, entre bambalinas, no tener nunca nada por lo que ser agradecido ni mucho menos recordado. Pero bien sabes, amigo mío: The winner takes it all.

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